Activismo y cambio de conciencia social
Tuesday September 26th 2017

Y la indignación crece…

Los violentos que desbarataron la paz en la Ciutadella, esperando a que sus compañeros Mossos de Esquadra vengan a escoltarlos para salir de entre la muchedumbre. Ver vídeo abajo.

En el post de ayer estaba dando por hecho que un pequeño número de radicales habían complicado las cosas con su violencia en la manifestación de Barcelona, frente a la Ciutadella. Y es que no me podía imaginar —llamadme inocente si queréis— que la podredumbre ética llegara hasta tal grado en nuestros cuerpos de seguridad, entre nuestros policías, y entre algunos, o muchos, de nuestros “demócratas” políticos.

Ayer por la noche pude ver, estupefacto, cómo en los dos incidentes violentos de los últimos días, en Barcelona frente a la Ciutadella (ver vídeo) y en Valencia ante la toma de posesión de Camps (vídeo 1, a partir del minuto 6:30, no os perdáis al tipo de rojo, para luego verlo en el  vídeo 2, a partir del minuto 1:40), la violencia y las cargas policiales se habían iniciado por la maquiavélica acción de algunos policías infiltrados haciéndose pasar por manifestantes. Y no digo “supuestos” policías infiltrados porque las evidencias de los vídeos son demasiado claras como para que me convenzan con estúpidas excusas.

Yo pensaba —insisto, llamadme iluso si queréis— que esto sólo ocurría con la policía de los tiempos de Franco y de los primeros años de la democracia. Yo empecé a correr delante de ellos con 14 años; a los 18, ya estaba acostumbrándome a verlos llegar a nuestros conciertos disfrazados de “progres” (yo formaba parte de una banda de rock cuyas canciones estaban prohibidas por la censura en un 90%), y no mucho después tuve que sufrir la angustia de entrar con mis compañeros en nuestro estudio de ensayos después de recibir amenazas de bomba de los paramilitares que, en gran medida, estaban controlados por la misma policía.

Yo pensaba que la policía ahora era diferente, que era una policía democrática, que no se atreverían a utilizar métodos de corte claramente fascista frente a una sociedad civil pacífica. “Y, además, ¡en Barcelona! —pensaba yo— No puede ser que un gobierno de nacionalistas, que tanto sufrieron a la policía de Franco, hayan creado un cuerpo de policía propio con una deriva fascista en sus métodos”.

Pero me equivocaba, iluso de mí.

“¿Y los medios de comunicación? —me pregunté después de ver los vídeos— ¡Nuestros flamantes medios de comunicación “democráticos”! ¿Es que ninguno de ellos va a investigar y denunciar todo esto? ¿Ninguno va plantear al menos la duda, ninguno va a señalar un ‘Aquí hay algo que huele mal’? ¿QUÉ HAN HECHO UNOS Y OTROS DE NUESTRA DEMOCRACIA, DE LA DEMOCRACIA QUE TANTA SANGRE Y TANTAS LÁGRIMAS NOS COSTÓ CONQUISTAR?”

Y mi indignación se subió a las nubes…

Ahora estoy aún más indignado, mucho más indignado que antes. Y al igual que me ocurre a mí le está ocurriendo a cientos de miles de indignados más en toda España, a medida que vamos descubriendo que la podredumbre ética de nuestra democracia, de nuestro sistema, que comenzamos a denunciar el 15M, es mucho más grande de lo que nos imaginábamos.

Pero lo peor de todo es la estupidez de quienes han tomado la decisión de infiltrar policías en las manifestaciones con el fin de reventarlas desde dentro por medio de la violencia. Mandos policiales o políticos, lo mismo da. Hay que ser verdaderamente estúpido e inepto para no darse cuenta de que sus malas artes iban a quedar al descubierto, cuando todo el mundo lleva hoy una cámara de vídeo, y cuando los hechos, aunque no los denuncien los grandes medios de comunicación —¡qué vergüenza la de muchos en su profesión!—, quedan al descubierto en Internet y se propagan como la pólvora en cuestión de horas.

Y es que HAY PERSONAS QUE PIENSAN CON EL CULO, Y ENCIMA NOS GOBIERNAN.

Nunca me he expresado así de contundentemente en mi blog, pero es que mi indignación se ha saltado ya el Defcon 2.

Ante esto, ¿qué se puede hacer?

ANTE TODO Y POR ENCIMA DE TODO, TENEMOS QUE AFERRARNOS CON TODA NUESTRA ALMA A LA NO-VIOLENCIA, por indignados que estemos. Tenemos que atar fuertemente nuestra “justa cólera” y convertirla, transmutarla, en EMPECINADA Y OBSTINADA RESISTENCIA NO-VIOLENTA, en DESOBEDIENCIA CIVIL y en DETERMINACIÓN ABSOLUTA HASTA CONSEGUIR NUESTROS OBJETIVOS.

Cuanto más nos aferremos a la no-violencia, más indefensos e inseguros estarán ellos, más de entre ellos comenzarán a preguntarse qué están haciendo (así lo planteó Gandhi), más consciencias se removerán en sus filas y en la sociedad en general. La no-violencia es, por paradójico que parezca, un arma formidable.

Hay que hacerles ver, al igual que ocurrió con la carga policial de Plaza de Catalunya, que sus indecentes ardides y estratagemas no hacen otra cosa que empeorar las cosas para ellos, no consiguen otra cosa que hacernos más fuertes.

¿No les gustó el 15-M? Pues démosles un 19-J inolvidable. Que sepan que con el pueblo —¡cuánto baboseo cuando dicen velar por los intereses del pueblo!— no se juega; que no somos estúpidos, que no somos un rebaño al que pueden manipular a su antojo.

Jamás pensé que tendría que recurrir a un discurso como éste después de haber vencido al oscurantismo de la dictadura que habíamos heredado de nuestros padres. Jamás lo  pensé. Pero me niego a dejar en herencia a nuestros hijos un legado como el que ahora descubro, una versión descafeinada y “socialmente aceptable” de lo que fue vivir bajo las botas de un estado policial.

Y es que, como decía Serrat en su canción, “entre esos tipos y yo hay algo personal”.

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