Activismo y cambio de conciencia social
Tuesday December 12th 2017

Insistir, insistir, insistir…

Pancarta de la acampada en Sol. Fotografía de Carlos Rosillo, en El País

“Pienso, luego estorbo”, reza una de las pancartas que los Indignados del Movimiento 15-M han colgado en la Puerta del Sol de Madrid. ¡Cuántas resonancias ha traído este Mayo Español de aquel Mayo Francés del 68, con sus ingeniosas consignas y grafitis, con su buen humor y, al mismo tiempo, su seriedad en los planteamientos, con su esperanzadora audacia!

Pero hay algo más que un pensamiento, molesto para el sistema, tras la luminosa mirada de los jóvenes que han encabezado esta revuelta no-violenta en la primavera española. No sólo es un “Pienso, luego estorbo”; es también un “Siento, luego estorbo”, porque los jóvenes que han levantado su voz en las calles y las plazas de España y medio mundo no se han querido quedar sólo en los planteamientos racionales de su protesta. Por detrás de las palabras, de los eslóganes, de las pancartas y de los grafitis hay algo mucho más importante, algo que los amos del sistema temen más que las ideas: un sentimiento, el conocimiento intuitivo de que el viejo sistema ya no da más de sí, y la certeza esperanzada de que este mundo no va a tardar ya mucho en dar un giro hacia el amanecer; la convicción de corazón, más que racional, del que sabe que su lucha es justa y no se va a conformar con unos pequeños cambios que cierren las bocas; la convicción en el alma de que ha llegado el momento de que la sociedad civil de todo el mundo tome las riendas de su destino y su futuro, arrebatándolas de las manos de los dueños económicos y políticos del sistema.

Algunos dicen que, con esta movilización de la sociedad civil, se ha favorecido la llegada al poder de esa derecha neoliberal que comulga más que nadie con los planteamientos de la banca mundial y con la dictadura de los mercados. Pero eso lo dicen porque sólo ven la superficie de las cosas; sólo ven las sonrisas triunfantes de los líderes de la derecha. No ven sus pensamientos más profundos.

Los que, además de pensar, “sentimos”, sabemos que esos mismos líderes, a pesar de su gran victoria, están profundamente preocupados. Ahora ya no se enfrentan sólo a otro partido político según las reglas que tan bien conocen y controlan. Saben que, ahora, en el momento más dulce de su victoria, les ha salido un enorme grano en el trasero, algo con lo que les va a resultar mucho más difícil lidiar.

Cartel de la acampada en Valencia

Mientras su pugna se ha circunscrito a las reglas políticas establecidas de la farsa, la mentira, la difamación, el “tú peor que yo”; mientras sus contrincantes utilizaban los mismos métodos que ellos, métodos que conocen muy bien, se han sentido cómodos en “su” política. Pero ahora tienen que enfrentarse a unos oponentes mucho más numerosos y anónimos (¿a quién difamar en sus propios medios de comunicación, cuando no existen cabezas visibles, ni en lo individual ni como organización?), y tienen que enfrentarse a métodos que desconocen —la movilización verdaderamente pacífica de decenas de miles de personas—, a actitudes desconocidas para ellos —una autenticidad y una honestidad de intenciones que les desarma de inmediato— y unas armas ante las cuales no pueden hacer gran cosa —las manos desnudas de la no-violencia—, a menos que vuelvan a la dictadura y el estado policial, cosa bastante improbable dentro de las reglas del juego de la Unión Europea.

En última instancia, no resulta ya crucial que el Movimiento 15-M siga en sus trece acampando indefinidamente en las plazas españolas. La victoria del movimiento es ya un hecho: la sociedad civil se ha movilizado en masa frente a tantas injusticias y tanta corrupción. Ésa es la victoria.

Aunque ahora volviéramos a nuestras casas, sabemos —y ellos también lo saben— que en cualquier momento podemos volver a tomar las calles, que en cualquier momento vamos a retomar la acción directa y vamos a ESTORBAR pensando y sintiendo juntos. Aunque ahora volviéramos a nuestras casas, sabemos —y ellos saben— que vamos a seguir sembrando las semillas del nuevo mundo a través de Internet, que vamos a seguir difundiendo, ahora con mucha más fuerza que antes, nuestras ideas, nuestras convicciones, nuestras denuncias, nuestras nuevas propuestas para una humanidad y un planeta armoniosos.

La victoria de la sociedad civil es ya un hecho. Esta “batalla” está ganada, aunque tengamos todavía por delante toda una “guerra” no-violenta. Sigamos en las calles y en las plazas mientras las energías del cambio sigan impulsándonos en nuestras venas y diciéndonos que hemos de seguir en la calle, tomando algunos puestos avanzados más en el alma colectiva. Sigamos en las calles mientras veamos que el movimiento sigue creciendo y expandiéndose casi por sí solo. Y si en algún momento sentimos que es hora de retirarnos a nuestros “cuarteles de invierno” para preparar nuevos movimientos y nuevas “ofensivas”, no tengamos inconveniente en hacerlo, pues esta victoria no nos la pueden arrebatar ya.

Ahora sabemos, y sentimos, que tenemos mucha fuerza, que somos muchos más de los que ellos y nosotros creíamos, que somos capaces de organizarnos y de ofrecer alternativas sensatas ante tanta insensatez financiera y política, que podemos generar el cambio soñado en nuestro mundo, sea con una única gran revuelta o sea con una sucesión de pequeñas o medianas revueltas en las calles.

Y ahora sabemos, y sentimos, que nuestra gran baza estriba en INSISTIR, INSISTIR, INSISTIR… como el agua que, gota a gota, perfora la más dura roca.

Y, ¿qué puede hacer la roca para evitar el goteo del agua?

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