Activismo y cambio de conciencia social
Thursday August 24th 2017

Asqueado de la política

Un ejemplo de condicionamiento; como el perro de Pavlov. (Viñeta de Forges)

Estoy convencido de que, con lo que voy a exponer aquí, sintonizo con el sentimiento de un número creciente de personas que, en los países democráticos, estamos cada vez más hartos del lamentable espectáculo que nos ofrecen día a día nuestros representantes políticos, sea cual sea su color y adscripción.

La crónica diaria de los periódicos y de los informativos de radio o televisión nos abofetea el rostro una y otra vez con líderes políticos entregados a la nauseabunda tarea de criticar, reprochar y denigrar con saña a sus adversarios políticos, en una esperpéntica escenificación de algunas de las más bajas emociones humanas: desconfianza y sospecha cuasi paranoicas, rencor, animadversión, hipocresía, falsedad, rabia e ira contenidas, malevolencia e, incluso, odio. Y todo eso desde el absurdo presupuesto (o creencia irracional, como lo calificaría el insigne Albert Ellis) de que así es como hay que hacer la política y así es como se ganan los votos.

Y llega un momento en que, a base de escucharles y verles decir sus “verdades” con esa colérica convicción, uno termina sintiéndose “inoculado” por ese virus de “mal rollo” y concluye sintiendo una profunda repugnancia por el espectáculo con que el político en pantalla obsequia a la población.

Se supone que un líder político que aspira a dirigir una nación o una cartera del gobierno (o que las dirige ya) convendría que fuera un ejemplo de ciudadanía, de modales corteses, de comedimiento y control de sus emociones más mezquinas, de buena disposición y voluntad, de cooperación, de creatividad en soluciones y en vías para el diálogo y el encuentro entre opiniones contrapuestas; en definitiva, un modelo a imitar por los ciudadanos a los que pretende gobernar.

¿No sería lo lógico, de sentido común, esperar esto entre nuestros gobernantes y aspirantes a gobernantes? ¿O es que me he vuelto loco y he caído sin darme cuenta en el mundo al revés?

¿Cómo podemos aceptar sin más, sin cuestionarnos hasta reclamar una rectificación, que nuestros teóricos modelos de convivencia se comporten como críos de 7 años en el patio del recreo? (Ya saben, el “Y tú más”) ¿Cómo podemos consentir, como si fuera “normal”, que nuestros políticos se comporten de un modo tan descabellado y absurdo para los cargos que pretenden ostentar?

¿Cómo, siendo personas tan inteligentes, caen una y otra vez en este absurdo y se muestran incapaces de rectificar? (Quizás sea porque una cosa es la inteligencia a secas y otra cosa es la inteligencia emocional.) ¿Cómo podemos confiar los ciudadanos con un mínimo de sentido común en unas personas que no son capaces de ver lo que tantos de nosotros vemos como un clamoroso sinsentido, como una estupidez digna de los aspectos más necios del ser humano?

¿Es así como se obtienen los votos? ¿Tan estúpidos les parecemos los ciudadanos y las ciudadanas a sus señorías?

No. No somos tan estúpidos.

Y la prueba de ello la ofrece la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), en la que, una vez más, la máxima puntuación en la valoración de líderes políticos la obtiene uno de los pocos políticos que se aproxima medianamente al ideal que he descrito antes, Josep Antoni Durán i Lleida, un líder que, en términos generales, siempre se ha mostrado comedido y conciliador, poco agresivo en sus discursos, controlado en sus emociones y con cierto apunte caballeroso. (Y conste que no le he votado nunca, entre otras cosas, porque no me identifico con sus planteamientos políticos.)

¿No les resulta extraño que un político de un partido minoritario a escala nacional (su partido opera casi exclusivamente en Cataluña; lo digo para los lectores de fuera de España) haya obtenido una puntuación muy superior a los líderes de los grandes partidos que se alternan en el gobierno del país? (Y eso contando con que los sentimientos anticatalanistas de muchos —¡muchos!— de los encuestados deben haber influido a la baja en su puntuación.)

Miren sus señorías… (me expreso así porque, quizás, hablando al estilo de ustedes, estén más dispuestos/as a una atenta escucha-lectura)

Miren sus señorías —repito—: Somos muchos, cada vez más, los ciudadanos y ciudadanas —la sociedad civil—, que estamos verdaderamente asqueados de su manera de hacer política, los que estamos hartos de que nos traten como a niños, los que estamos ya saturados de tanta mentira y tanta distorsión interesada de la verdad con fines electoralistas.

Somos muchos, cada vez más (insisto), los que aspiramos a tener unos líderes políticos del siglo XXI, comedidos y dialogantes, dispuestos a aceptar que su verdad no es la única verdad, modelos a imitar en cuanto a control de sus emociones más bajas, en cuanto a creatividad a la hora de granjearse los votos del electorado, en cuanto a humildad, cooperación y sentido de equipo, para unirse, para llevar a buen puerto, entre todos, este barco en el que todos ustedes, y nosotros, navegamos.

Somos muchos, señorías, los ciudadanos y ciudadanas que nos gustaría ver un mínimo de “juego limpio” —ya saben fair play— no sólo en el deporte, sino especialmente, y principalmente, en la política de nuestros países.

(¿No les avergüenza que los jugadores del Real Madrid y del Barcelona —hagamos una salvedad con Cristiano Ronaldo—, siendo tan jóvenes, sean más modélicos que ustedes en cuanto a discurso caballeroso con sus oponentes? Y si les hablo de los jugadores de rugby de cualquier equipo o nación… ¡bueno, serían catedráticos para ustedes en el arte del fair play! Dicen que “El rugby es un deporte de bellacos jugado por caballeros”. Quizás podríamos remedar eso diciendo que “La política es un ‘deporte’ de caballeros jugado por bellacos”; al menos, por lo que ustedes hacen ver.)

Miren sus señorías: Convendría que fueran planteándose un cambio en su manera de hacer política. Convendría que tomaran conciencia de que la gente, el pueblo, la sociedad civil, no necesita el mal ejemplo cívico que ustedes le dan, de ahí que cada vez rechacen más el mundo que ustedes representan y escenifican en los medios de comunicación. Convendría que fueran adecuándose y adaptándose a los tiempos que viven, con una sociedad civil, una humanidad, que está saliendo ya de la adolescencia colectiva y que no admite ya más mentiras ni verdades a medias, que no acepta ya otro modus operandi que el que se destila de la AUTENTICIDAD. Convendría que escucharan la voz de su propio corazón y dejaran de prestar oídos a los programas mentales y los condicionamientos (¿se acuerdan del perro de Pavlov?) que les dictan que hay que seguir masacrando al oponente cueste lo que cueste, aunque para ello haya que sacrificar lo más noble y veraz que hay en sus propios corazones (que lo hay).

Y convendría que hicieran todo esto no sólo por nosotros —a quienes afirman tener en su mente y en su corazón en todo momento—, sino por ustedes mismos/as; porque, en definitiva, en el ejercicio de la política, están vendiendo ustedes su alma al diablo (o, lo que es lo mismo, están ustedes traicionándose a sí mismos y a los nobles ideales que, quiero creer, les llevaron a meterse en política).

Sé que éstas no son más que las palabras de un humilde escritor y activista, demasiado humilde y demasiado lejos de ustedes —a pie de calle— como para que se dignen siquiera a escuchar desde los últimos pisos de su rascacielos de poder.

Pero debo decirles que mis palabras las suscribirían, estoy convencido, un elevadísimo tanto por cien de los habitantes de este país y de otras decenas o cientos de países del mundo. De modo que, háganme caso, no las echen en saco roto.

Y disculpen si escribo “señorías” con minúscula (no me sale hacerlo de otro modo) y si mi discurso resulta un tanto irreverente y poco comedido, y deja ver algunas de mis más bajas pasiones. Pero tanto “mal rollo” —ustedes le llaman a veces “crispación”— por parte de sus señorías, en los medios de comunicación, es contagioso.

Ni el mismísimo Gandhi, que tenía su buena dosis de “justa cólera”, habría podido controlar los efectos de este contagio.

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5 comentarios para “Asqueado de la política”

  • Carlos Martinez says:

    Hola Grian. Buen tema y Bien dicho… Si los políticos fueran mas reales con la gente que rigen quizás tendrían mas respeto entre ellos e si mismo. La política de hoy en muchos países ofrece protección con la oportunidad de abusar los derechos civiles de los cuales fueron otorgados en ejercer para el beneficio de otros y no de uno mismo.
    Tienes mi voto.
    Un abrazo.

  • grian333s says:

    Creo que todo este lío se podría resumir en una palabra: AUTENTICIDAD. La gente de la calle estamos pidiendo a gritos autenticidad, tanto a los políticos como a las empresas que nos meten sus anuncios en TV y por todas partes. Pero la autenticidad es algo que, por muy bien que intenten representarla, si no la hay, se hace evidente de inmediato.
    Creo que el descontento popular ante esa falta de autenticidad de todos aquellos que buscan nuestro voto o nuestro dinero está comenzando a convertirse en una tendencia social que, más pronto o más tarde, va a explotarles en las narices a unos y otros.
    Muchas gracias por tu comentario y por seguir este blog, Carlos.
    Un abrazo.

  • leonidas rendon aragundi says:

    y no solo en españa, sino en todo el mundo sucede lo mismo, le doy una calificacion de 1 al 10 un 1, en ecuador de donde escribo le doy un menos 1, no valemos politicamente nada, con justa razon estamos asqueados de la politica aqui en este pais.

  • grian333s says:

    Efectivamente, Leo. La mediocridad y la corrupción generalizada en la clase política mundial nos ha llevado al extremo de que, si la sociedad civil no reaccionamos, vamos abocados al desastre. Sólo el activismo social de la gente corriente, en la calle, con posiciones no violentas, desde un liderazgo colectivo, como el 15M en España, Occupy Wall Street en USA, y tantos otros, nos puede sacar de este embrollo. Gracias por tu comentario. Un cordial saludo.

  • grian333s says:

    A la vista de los sucedido en los últimos días, tengo que rectificar mi opinión sobre el señor Durán i Lleida. Finalmente, parece estar comportándose como otros muchos políticos del panorama hispano. Evidentemente, hay que ir superando los planteamientos por los que se rige la política actual. Están ya caducos.


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