Activismo y cambio de conciencia social
Thursday August 17th 2017

Cablegate IV: La Contracultura sigue viva

"Mi nombre es legión, porque somos muchos" Lema de Anonymous

Asisto sorprendido (y debo confesar también que con un alborozo un tanto perverso) al derribo de las páginas webs de Mastercard, Visa o PayPal, bajo el ataque coordinado de miles de personas de todo el mundo en un ejemplo de ciberactivismo no-violento que habría hecho las delicias del mismísimo Gandhi.

Esos miles de personas, agrupadas bajo el nombre colectivo de Anonymous, están ofreciendo un ejemplo de lo que la sociedad civil puede hacer frente a los poderes establecidos cuando decide unirse y actuar por el bien común.

Anonymous no es una organización en modo alguno. No tienen miembros fijos, ni reconocen líderes entre ellos. En torno a unos cuantos hackers, se han congregado miles de personas sin demasiados conocimientos informáticos, personas como tú y como yo que, utilizando un pequeño programa diseñado por los primeros, tumban entre todos páginas web tan protegidas como las arriba mencionadas (también han derribado otras páginas de “enemigos” de Wikileaks, como la del banco suizo PostFinance, la del senador Lieberman y la de Sarah Palin, por sus furibundos y desmedidos ataques a Julian Assange y Wikileaks).

En definitiva, se habla de Anonymous como de un “enjambre”, con cierto tinte gamberro, que de cuando en cuando se ponen de acuerdo para hacer ciberacciones sonadas. En estos momentos se han puesto serios y están haciendo alarde de conciencia social, pero también puede darles por hacer trastadas, como inundar de pronto YouTube con vídeos porno, hackear el correo de Sarah Palin, hacer que su fundador sea nombrado hombre del año en la revista Time, volver a poner de moda a Rick Astley o, poniéndose serios de nuevo, rescatar gatos maltratados o montar una campaña contra la Iglesia de la Cienciología de Tom Cruise.

Y esto me trae a la memoria a unas gentes que, en los años 60, pusieron también en jaque al poder establecido en los Estados Unidos con acciones sonadas e, incluso, también gamberras. Entre ellos estaban los más extremistas de los hippies de la época, como los Merry Pranksters de Ken Kesey (el autor de Alguien voló sobre el nido del cuco), que organizaban fiestas psicodélicas multitudinarias en las que untaban con LSD hasta los pomos de las puertas para que todo el mundo “alucinara en colores”; o los yippies del Young International Party, una parodia hippie de partido político dirigido por Jerry Rubin y Abbie Hoffman, que presentaron como candidato a la presidencia de EE.UU., en la convención del Partido Demócrata de 1968, a un cerdo llamado Lyndon Pigasus Pig (en aquellos momentos, el presidente del país, Lyndon Baines Johnson, estaba plenamente implicado en la Guerra de Vietnam, fuertemente contestada por el movimiento hippie). De hecho, en aquella convención, celebrada en Chicago, los yippies consiguieron movilizar a miles de efectivos de la Guardia Nacional, tras amenazar al poder establecido con “echaremos LSD en los depósitos de suministro de agua de la ciudad” y con “follaremos en las playas”. Al final, la convención demócrata de Chicago terminaría en unos sonados y sangrientos disturbios, tras una desmedida acción policial que sería criticada en medio mundo.

Los miembros de Anonymous también realizan acciones en la calle, en las que suelen utilizar la máscara del personaje de la película "V de Vendetta"

A la vista de esto, no es de extrañar que, en un artículo de opinión de El País, M. Á. Bastenier dijera hace unos días, “El hacktivismo o actividad de los hackers para informar al público de todo aquello que los Gobiernos no quieren que se sepa, se está convirtiendo en el movimiento contracultural del siglo XXI. No es tanto que vuelvan los años sesenta, como que una forma de sentir las relaciones del ciudadano con la cosa pública de raíz profundamente anglosajona, ha encontrado en las nuevas tecnologías su forma de expresión”.

Me parece muy aguda la observación de Bastenier, pero discrepo en su afirmación de que el hacktivismo es el movimiento contracultural del siglo XXI. Yo creo que el hacktivismo es una variante tecnológica del mismo movimiento contracultural de los años sesenta, que se soterró hacia finales de los setenta y que ha emergido de nuevo recientemente, según demuestra un estudio sociológico de Paul H. Ray y Sherry Ruth Anderson publicado en el año 2000, The Cultural Creatives, Los Creativos Culturales. (Para más información sobre este tema, véanse otros dos posts de este mismo blog, Un viento de esperanza y No podemos bajar los brazos ahora.)

En definitiva, como dijo John Lennon, tras la desaparición del movimiento hippie, “El hecho de que Flower Power [el movimiento hippie] no funcionara no significa que todo terminó. Eso sólo fue el principio, el nacimiento de la revolución. Estamos sólo en los inicios del cambio”.

Así, a tenor de los estudios sociológicos de Ray y Anderson, podría decirse que la Contracultura de los 60 se sumergió para desaparecer del escenario público a finales de los 70, pero siguió creciendo y madurando, eliminando los lastres de los errores de juventud de sus primeros años (como las drogas y su excesiva inocencia), para emerger tímidamente de nuevo en torno al año 2000 como una subcultura global que suma en torno a un 25 o 30% de la población, al menos en los países occidentales. (Actualmente, el Club de Budapest está realizando estudios en otros países para ver el alcance de esta subcultura a escala global.)

Un joven hippie poniendo flores en los cañones de los fusiles de la Guardia Nacional, en una gran manifestación contra la Guerra de Vietnam, ante el Pentágono, en 1968

A los veteranos de la Guerra de Vietnam disidentes y antibelicistas tras su experiencia de horror les han sucedido ahora los veteranos de la Guerra de Iraq que exponen públicamente la barbarie de su propio ejército en vídeos de YouTube, o que filtran documentos para el conocimiento público, como el soldado Bradley Manning, el que filtró el Cablegate a WikiLeaks. Y a la exposición pública de las vergüenzas de la Guerra de Vietnam que llevara a cabo Daniel Ellsberg en 1973 (los llamados Papeles del Pentágono), con la ayuda de Noam Chomsky, le ha sucedido ahora la exposición de las vergüenzas bélicas de Iraq y Afganistán, y de las vergüenzas diplomáticas del Cablegate, en WikiLeaks.

¿Extraña, por tanto, la aparición de fenómenos como el de Anonymous, o el hecho de que tras el ciberataque del Pentágono a la página web de WikiLeaks, hayan aparecido más de mil páginas espejo en todo el mundo que reflejan con toda exactitud lo que publica WikiLeaks?

La Contracultura no murió; se ocultó temporalmente para no terminar muriendo en manos del poder establecido, y siguió creciendo en la sombra de las vidas privadas de millones de personas en todo el mundo, transmitiéndose a las siguientes generaciones, para emerger de nuevo ahora convertida en la segunda subcultura en número de habitantes de los países occidentales.

Ésa es la sociedad civil que se está movilizando frente al atentado a la libertad de información y a la falta de transparencia que pretenden imponer los que atacan a WikiLeaks, pues, como explican Ray y Anderson, los Creativos Culturales valoran por encima de todo la autenticidad, la honestidad y la transparencia.

Ésa es la sociedad civil que exige un cambio en las políticas ambientales y en la política de género, pues los Creativos Culturales tienen una profunda conciencia ecológica y defienden con convicción los derechos de la mujer.

Ésa es la sociedad civil que dice “No a la guerra” y que pide una distribución más justa de la riqueza, pues los Creativos Culturales son, por definición, antibelicistas y solidarios.

Y ésa es, en definitiva, la sociedad civil que está gritando que otro mundo mejor es posible, pues los Creativos Culturales exhiben unos altos niveles de sentido ético, y su enorme creatividad y su inquebrantable optimismo les llevan a pensar que son posibles los cambios necesarios para que este mundo sea un mundo de todos, no sólo de los países ricos y de quienes los controlan, la banca internacional.

Como decía en mi primer post sobre el Cablegate, convendrá que los amos del mundo vayan tomando nota y comiencen a tener en cuenta a la sociedad civil. Los amos del mundo consiguieron desactivar a sus oponentes políticos, económicos y militares, pero no van a poder desactivar a este “enjambre” de personas conscientes que crece en número, año tras año, en todo el planeta.

Nota: El hecho de que vea con simpatía las acciones de Anonymous no quiere decir que sus ciberataques a los “enemigos” de WikiLeaks me parezca la mejor opción. Personalmente, aunque resultan espectaculares e ingeniosos, esos ataques, aun siendo no-violentos, no tienen más efecto que el publicitario, dado que esas grandes corporaciones (Mastercard, Visa, etc.) no se ven demasiado afectadas por el derribo de sus websites.

Personalmente, me inclino más por una acción consecuente y coherente a título privado, como la de cancelar nuestras cuentas personales o de empresa (en PayPal, Amazon, etc.) o comprometerse radicalmente con uno mismo en no utilizar, salvo casos de extrema (muy extrema) necesidad, las tarjetas de crédito. No digo de cancelar las tarjetas de crédito directamente porque comprendo que la banca internacional, los amos del mundo, han tejido una gigantesca tela de araña con este sistema, y soy consciente de que prescindir de las tarjetas de crédito supondría graves problemas para una inmensa mayoría de personas. Pero convendría que fuéramos dando pasos, “todos a una”, para ir sacando estas trampas de endeudamiento de nuestras vidas.

Un comentario para “Cablegate IV: La Contracultura sigue viva”

  • pazinterior333 says:

    Dejando de lado las opiniones a favor o en contra que se puedan tener de Wikileaks, de su fundador, de los hackers, de Anonymous, etc., diré que todos estos acontecimientos que estan ocurriendo en los últimos días, han resucitado en mi algo que se había consumido poco a poco después de ver una y otra vez como la gente, sin que sea necesario, se sigue muriendo de hambre, después de ver como se sigue expoliando una y otra vez a la naturaleza en sus selvas, en sus rios, en sus mares, en sus poblaciones indígenas por el enriquecimiento de muy pocos; después de ver y oir a unos personajes que con el título de políticos pretenden hacernos creer con sus pateticos discursos en contra de unos y otros que esán trabajando para mi beneficio y el beneficio de “su” pueblo y tantas y tantas injuticias e incoherencias más que acabaron con algo que en estos días he notado que brotaba de nuevo… LA ESPERANZA
    La ESPERANZA me llega al constatar que la gente, los de más abajo, todos nosotros, no estamos tan desprotegidos como pensaba, que tenemos vías pacíficas, ingeniosas y creativas de poder desenmascarar a todos los que merezcan ser desenmascarados para que de una vez por todas el mundo sea y funcione como deseamos la mayoría y no como nos están imponiendo unos pocos.
    Me siento agradecida ¡Bienvenida ESPERANZA!
    Marta


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