Activismo y cambio de conciencia social
Wednesday December 13th 2017

Cablegate II: Unas revelaciones peligrosas… ¿para quién?

El lingüista, filósofo y activista norteamericano Noam Chomsky también ha hablado sobre las filtraciones de WikiLeaks

La secretaria del Departamento de Estado de los Estados Unidos, Hillary Clinton, ha dicho que la filtración de los documentos de su departamento por parte de WikiLeaks es un ataque a la comunidad internacional.

Suena muy fuerte. Pero Hillary Clinton, del Partido Demócrata, se ha quedado corta en su evaluación y en sus comentarios sobre el Cablegate cuando los comparamos con las declaraciones de sus compatriotas del Partido Repúblicano; como el congresista Peter King, que pide que Wikileaks sea declarada como organización terrorista extranjera; o como su compañero de partido y posible candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Mike Huckabee, que dice textualmente que “El informante de WikiLeaks debe ser ejecutado”.

Un poco más al norte, en Canadá, Tom Flanagan, asesor del primer ministro de este país, Stephen Harper, del Partido Conservador, pedía hoy mismo en televisión, y ante el estupor de los presentadores, el asesinato de Julian Assange, el fundador y director de WikiLeaks.

No es de extrañar, así pues, que Julian Assange esté actualmente en paradero desconocido, y que, cubriéndose las espaldas, haya dejado debidamente codificado un paquete de 1’4 gigas con nuevas revelaciones, equivalente a varias veces el peso informático de los 250.000 documentos filtrados ahora. Imagino que, si algo le pasara a Julian Assange, este paquete sería decodificado y publicado de inmediato.

Por lo que comentan los protagonistas políticos, los documentos filtrados por WikiLeaks no deben de ser tan “insulsos” como nos quería hacer creer el diario español El Mundo en sus titulares de hace dos días.

Los documentos filtrados por WikiLeaks son “peligrosos”, pero no son peligrosos, como pretenden hacernos creer, para las personas inocentes que puedan estar implicadas en todos esos asuntos. Como dice la periodista Soledad Gallego-Díaz (El País, 28/11/2010):

“La principal acusación que se formula siempre contra periodistas y medios que publican documentos clasificados como secretos por los Gobiernos de países democráticos es que se pone en peligro la vida de personas, o la propia seguridad del Estado. Fue la misma acusación que se formuló contra el New York Times o The Washington Post cuando publicaron, en 1973, los famosos Papeles del Pentágono, el exhaustivo análisis encargado por el propio secretario de Defensa Robert McNamara sobre la implicación de Estados Unidos en el conflicto de Indochina.
“En aquella ocasión, el Tribunal Supremo norteamericano emitió una sentencia histórica, apoyando el derecho de publicación y afirmando que era la Administración la que debía demostrar en cada caso y en cada artículo que existía realmente ese riesgo. “Todo sistema de censura previa del que conozca este tribunal tiene una fuerte presunción de estar viciado de inconstitucionalidad”, afirmaba el TS. Ninguna de aquellas informaciones publicadas por el NYT o por el WP puso nunca en peligro la vida de personas, ni la seguridad nacional de un Estado democrático. En aquel caso, como en los suscitados ahora por las filtraciones de Wikileaks, ocurrió exactamente lo contrario. La información ayudó a salvar vidas inocentes y a mejorar la salud de las democracias fortaleciendo su transparencia y su responsabilidad.
“ ‘La publicación [de estas informaciones] mejora la transparencia, y esa transparencia crea una mejor sociedad para todo el mundo. Una mejor vigilancia permite reducir la corrupción y hacer más fuertes a todas las instituciones de la sociedad, incluidos los Gobiernos, corporaciones y todo tipo de organizaciones. Unos medios periodísticos vibrantes, sanos e inquisitivos desempeñan un papel vital en alcanzar esos objetivos. Somos parte de esos medios’, asegura la carta de presentación de Wikileaks. Quienes participamos ahora de esta historia compartimos la creencia de que los medios de información responsables deben intentar no solo responder a las preguntas que se hacen los ciudadanos, sino, sobre todo, ayudarles a formular las preguntas correctas, esenciales precisamente para su comportamiento cívico. La primera de esas preguntas es siempre: “¿Quién decide por mí? ¿Cómo ha llegado a esta decisión? ¿Qué datos maneja y que objetivos persigue en mi nombre?”. La nueva filtración de Wikileaks supone un gran avance en ese aprendizaje.”

Así pues, ¿para quién son peligrosos estos documentos? Evidentemente, para todos aquéllos que se indignan con ellos, que piden que rueden cabezas o que intentan, en el extremo opuesto, minimizarlos con el fin de que la gente de la calle no se interese demasiado en el asunto. No es un ataque contra la comunidad internacional, como quiere hacer ver Hillary Clinton. En todo caso, es un ataque contra la podredumbre y el vacío ético de unas clases políticas que se han acostumbrado tanto a las mentiras que ya ni siquiera son capaces de ver los principios básicos de una democracia.

Pero, a propósito de los Papeles del Pentágono, de los que habla Soledad Gallego-Díaz en la cita de arriba, conviene nombrar aquí a Noam Chomsky, lingüista, filósofo y activista estadounidense, profesor emérito de Lingüística del prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts y autor de más de cien libros, entre ellos Hegemonía o supervivencia: la búsqueda estadounidense del dominio global; pues Chomsky fue quien ayudó a editar y publicar esos Papeles de altos secretos sobre la Guerra de Vietnam a Daniel Ellsberg, el hombre que filtró los documentos en 1973.

Pues bien, resulta que Chomsky fue entrevistado ayer mismo en Democracy Now, un canal norteamericano de TV independiente, respecto a los documentos del Departamento de Estado filtrados por WikiLeaks. Cuando la entrevistadora le habló del comentario de Peter King, pidiendo que WikiLeaks sea declarada organización terrorista, Chomsky dijo que aquello era un disparate, añadiendo: “Creo que deberíamos prestar atención a lo que descubrimos con esas filtraciones. (…) Quizás la revelación o mención más dramática sea el profundo desprecio que muestran por la democracia tanto el gobierno de los Estados Unidos como su servicio diplomático”.

Luego, la entrevistadora puso un vídeo de una intervención de Hillary Clinton, en la que ésta hacía una valoración de las filtraciones del Cablegate en lo relativo al peligro nuclear de Irán. Hillary Clinton decía que los “supuestos” cables del Departamento de Estado no decían nada nuevo, y que lo único que hacían era confirmar la preocupación general existente entre los países árabes ante las acciones y las intenciones de Irán. En conclusión, para Hillary Clinton, esos cables no hacían otra cosa que confirmar que la política de Estados Unidos con Irán está plenamente justificada y cuenta con la aprobación de los países árabes en su casi totalidad.

Hasta aquí, todo parecería muy sensato y muy normal. Pero los comentarios de Chomsky al respecto resultaron muy esclarecedores.

“(…) El hecho de que digan al mundo… que mientan diciendo que el mundo árabe ve a Irán como la mayor amenaza y que quieren que los Estados Unidos bombardeen Irán es sumamente revelador, cuando saben que aproximadamente el 80% de la opinión pública árabe ve a Estados Unidos y a Israel como la mayor amenaza, en tanto que un 10% ve a Irán como la mayor amenaza, y que una mayoría, un 57%, piensa que la región mejoraría si Irán tuviera armas nucleares como elemento disuasorio. [Datos aportados por unas encuestas recientes del Instituto Brookings, tal como había explicado previamente Noam Chomsky.] De esto ni siquiera hablan —continúa el profesor—. De lo único que hablan es de lo que dicen que han dicho los dictadores árabes, esos brutales dictadores árabes. Y eso es lo que cuenta [para ellos].
“Hasta qué punto es representativo de lo que dicen, no lo sabemos —continúa Chomsky—, porque no sabemos cuál es la filtración. Pero eso es lo de menos. Lo verdaderamente importante es que la población es irrelevante [para los líderes políticos americanos]. Lo único que importa es la opinión de los dictadores a los que ellos apoyan; y si ellos nos van a apoyar a nosotros, es decir, si el mundo árabe nos apoyará. Esto nos ofrece un cuadro muy revelador de la mentalidad de los líderes políticos de los Estados Unidos… Les importa muy poco lo que la población árabe piense.”

Viñeta de Forges en El País (01/12/2010)

Después, y en relación con lo que hablábamos en nuestro último post acerca de los “amos del mundo”, la entrevistadora le pregunta a Chomsky acerca del Tea Party, ese movimiento político ultra relacionado con el Partido Republicano y que ha generado mucho alboroto en los últimos meses buscando socavar la imagen de Barack Obama.

“El movimiento del Tea Party en sí —dice Chomsky— forma más o menos un 15 o un 20% del electorado. Gente relativamente acaudalada, blanca, xenófoba; ya sabes, tienen algo más que una veta de lo que sería el patrioterismo tradicional. Pero lo que resulta mucho más importante, a mi entender, es el sentimiento del que se siente ultrajado. Más de la mitad de la población dice que en mayor o menor grado apoyan al Tea Party, o que apoyan su mensaje. Lo que la gente está pensando es sumamente interesante. Quiero decir, las encuestas revelan de forma abrumadora que la gente se siente extremadamente amargada, furiosa y hostil, y que está en contra de todo.
“La principal causa, indudablemente, es el desastre económico. No es sólo una catástrofe financiera; es un desastre económico. Me explico; en la industria, por ejemplo, los niveles de paro se encuentran en el nivel de la Gran Depresión [de 1929]. Pero, a diferencia de la Gran Depresión, estos empleos no están regresando. Los propietarios y los empresarios de los Estados Unidos hace mucho que tomaron la decisión de que podían sacar mayores beneficios con unos complicados acuerdos financieros que con la mera producción. De ahí las finanzas; esto se remonta a la década de los 70, Reagan lo aceleró y, luego, Clinton también. La economía se ha financializado.
“Las instituciones financieras han crecido enormemente al compartir los beneficios de las empresas. Puede que sea en torno a un tercio o algo así actualmente. Al mismo tiempo, y en la misma medida, la producción se ha exportado. Así, uno ahora compra aparatos electrónicos chinos. China es una planta de montaje de un centro de producción del nordeste asiático. Las partes y los componentes proceden de los países más avanzados, y de los Estados Unidos, así como la tecnología. De modo que sí, allí resulta más barato montar los aparatos, para venderlos después aquí de vuelta. Y lo mismo ocurre con México, con Vietnam, etc. Ése es el modo en que se obtienen beneficios.
“Pero esto destruye la sociedad aquí, aunque eso no le preocupa a las clases empresariales ni a los propietarios. Su única preocupación son los beneficios. Eso es lo que está dirigiendo la economía. El resto no son más que las consecuencias. Y la gente está muy furiosa con esto, pero parece que no lo entienden. Y así, las mismas personas que conforman la mayoría, que culpan a Wall Street de la actual crisis, están votando a los republicanos. Wall Street tiene en su bolsillo a los dos partidos, pero los republicanos lo están mucho más que los demócratas.”

Finalmente, la entrevistadora la pregunta a Chomsky qué le diría a Obama en caso de ser uno de sus consejeros, y Chomsky responde:

“Le diría que hiciera lo que Franklin D. Roosevelt hizo cuando los grandes empresarios se le opusieron; que organizara y estimulara la oposición pública y que llevara a cabo un serio programa populista, cosa que se puede hacer. Estimular la economía. No ceder en todo con los financieros. Poner en marcha una verdadera reforma en la sanidad. La reforma sanitaria que se ha puesto en marcha puede suponer una ligera mejoría, pero deja sin tocar algunos problemas importantes. Si estás preocupado por el déficit, presta atención al hecho de que ese déficit se debe en su mayor parte a los gastos militares y a este completamente errado programa sanitario.”

Aunque parezca que me he alejado mucho de las filtraciones de WikiLeaks, si se piensa bien, no me he desviado demasiado. Estamos hablando de lo mismo, de los amos del mundo (repito, quienes controlan el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio), de su “brazo político” (los neoliberales principalmente, y luego, en orden decreciente, el resto del panorama político, desde la derecha hasta, a regañadientes, pero colaborando también, el centro izquierda europeo), del estado con el que imponen su dominio global (los Estados Unidos de América) y de su manera de imponer ese dominio, a través de las presiones, las coacciones y el poderío bélico de ese estado, y de los movimientos, claramente maquiavélicos, de la economía internacional.

Y en todo este pastel ha venido el señor Julian Assange con su WikiLeaks a destapar la caja de los truenos.

Peligroso, ciertamente peligroso lo que ha hecho el señor Julian Assange; pero peligroso, única y exclusivamente, para quienes pretenden dirigir el mundo a su antojo desde su poder económico, y peligroso para sus títeres políticos, no para la sociedad civil, que, a poco que esté informada, debería de sentir que algo puede cambiar para bien con las filtraciones del Cablegate.

Seguiremos hablando de ello.

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