Activismo y cambio de conciencia social
Wednesday November 22nd 2017

¡Guerreros!

Instantes antes del partido. El que desentona, por edad y por vestimenta, soy yo, cómo no.

Hace 26 años que, por motivos que no vienen ahora a cuento, abandoné la práctica del rugby, un deporte en el que me introduje a los 14 años en un buen equipo de mi país y que marcó mi vida de un modo poderoso y positivo.

El rugby es un deporte que te «engancha» y que, cuando lo abandonas, añoras profundamente; de modo que no resultará extraño que, a pesar de contar ya con 53 años, me dirigiera al campo de césped de las pistas de atletismo en cuanto me enteré de que en mi pueblo se había vuelto a crear un equipo de rugby. Claro está que no pretendía jugar (aunque aún puedo hacer algunos buenos placajes), pero no podía soportar la idea de tener tan cerca un equipo de rugby y no intentar ayudar y estar cerca del terreno de juego.

Los chicos del equipo, que salvo tres o cuatro son nuevos en este deporte, han ido asimilando a este viejo jugador con el paso de los días; en tanto que yo, poco a poco, intentando no pasarme de listo, he procurado transmitir mucho de lo que aprendí en los años en que me dediqué a este noble deporte. Y en este caso lo de «noble» no es una forma retórica porque, posiblemente, el rugby sea el único deporte con un código ético incorporado, con un código de honor casi caballeresco.

En un partido de rugby se puede jugar a cara de perro, casi con el cuchillo entre los dientes, en una lucha feroz con el contrincante por intentar clavarte por la fuerza en su área de ensayo o por intentar impedírselo a él. Pero, al final del partido, los dos equipos (aún con moretones, o sangre en labios y cejas) nos vamos juntos a tomar una cerveza (o diez), a comer o cenar juntos, hablando de nuestra pasión compartida. Eso es lo que llamamos el «tercer tiempo». Y en esa combinación de combate salvaje cuerpo a cuerpo y de camaradería sincera y caballerosidad entre los contrincantes radica gran parte de la belleza y la mística de este deporte, uno de los más hermosos y espectaculares que ha podido idear el ser humano.

Pues, bien, con el paso de los días, de los entrenamientos y de los primeros partidos, he ido encariñándome de estos muchachos, no sólo por el devenir natural de las relaciones humanas, sino también por la admiración que despierta en mí el ver el talante y la disposición de muchos de ellos en el campo de juego.

Como digo, la inmensa mayoría de ellos son novatos, y en los partidos se las están teniendo que ver con «sujetos» que no sólo pesan más de cien kilos y son fuertes como toros, sino que, además, llevan años jugando al rugby y saben muy bien cómo cargar, cómo percutir, cómo derribar a un contrario; dicho suavemente, cómo hacerle «dudar». Y, sin embargo, mis chicos (porque ahora son ya «mis chicos») no se han dejado amilanar en ningún momento. Son novatos, sí, pero han luchado con coraje en los partidos, arrojándose con furia y arramblando al contrario (sin técnica de placaje aún, pero apretando los dientes), cuando el equipo contrario intentaba entrar por las bandas; rehaciéndose y recuperando el espíritu de lucha ante cada ensayo de unos contrincantes más experimentados que ellos; e incluso marcando ensayos por fuerza y por coraje, cuando no es nada habitual que un equipo recién nacido le marque un ensayo a un equipo experimentado.

Requena Rugby Club: "Mis chicos"

La inmensa mayoría de «mis chicos» todavía está aprendiendo a jugar al rugby, pero ya me tienen gratamente admirado. Muchos de ellos llegarán a ser buenos jugadores (si insisten y no abandonan, claro está) y harán aún más grande este deporte. Pero lo bueno es que TODOS ellos saldrán de esta experiencia reforzados en su vida, con una mayor confianza en sus posibilidades, con una mayor autoestima, con un marcado espíritu de lucha, con una mayor nobleza de carácter, con un fuerte espíritu de camaradería, con un código ético, un código de honor, que les acompañará para siempre. De hecho, muchos de ellos se convertirán en verdaderos caballeros; quizás rudos a veces, quizás cortantes otras, pero caballeros nobles al fin y al cabo.

Y aprenderán también que hay una manera diferente de sufrir las desgracias en el campo de juego de la vida; aprenderán que, a diferencia de otros deportes donde imperan el llanto y los lamentos, en el rugby le curan a uno la brecha en la ceja estando de pie y sin perder de vista el partido, y que un doloroso esguince en un dedo (o dos, o tres) no te va a impedir participar en el próximo partido: uno se entablilla los dedos con esparadrapo y sale al campo sin pensar en el dolor.

Ése es el espíritu del rugby. Y ése es también el espíritu del Guerrero del que vengo hablando en mis libros, en mis charlas o talleres, en los reducidos ambientes de camaradería del Proyecto Avalon, o en este mismo blog (véase el post «¿Por qué “Guerreros”?»).

El arquetipo del Guerrero (y volvemos una vez más a Carl Gustav Jung) es el molde psicológico de aquél que emprende la acción por un objetivo noble, incluso sublime; de aquél que opta por la vía del coraje frente al miedo, de quien está dispuesto a sacrificar su comodidad y su bienestar por un bien mayor para su grupo, su comunidad (para su tribu, dirían los guerreros nativos americanos), y de aquél que tiene un profundo sentido de la camaradería, no sólo con sus compañeros y afines, sino también con los contrincantes que han mostrado su valor y su nobleza.

Y éste es el arquetipo, el molde psicológico, al que tendremos que recurrir necesariamente todos aquellos seres humanos que anhelamos un mundo mejor, más justo, sostenible, solidario y no-violento (no olvidemos que, para Gandhi, la no-violencia es la máxima expresión del valor y el coraje frente a las injusticias). Ante la actual situación mundial de destrucción de la vida y del medio ambiente, de una casi absoluta ausencia de honestidad e integridad en la sociedad, de injusticias y desmanes, de violencia y guerras, lo que se exige de nosotros es la actitud sublime de una lucha sin cuartel (pero sin enemigos humanos a quienes destruir, como en el rugby) por un nuevo mundo y una nueva humanidad, por una sociedad verdaderamente «humana» al fin, justa, responsable de sí misma y del resto de especies que pueblan el planeta, compasiva con sus semejantes y dispuesta a resolver los conflictos por la vía que más valentía puede exigirle a un ser humano, la vía del que planta cara pero no levanta la mano, la vía de la no-violencia.

Y que nadie piense que recurrir a ese molde psicológico del inconsciente colectivo humano, a un arquetipo, va a ser algo poco práctico, por muy romántico que sea. No tendrá más que leer a los genios del estudio de la psique, de las culturas y de las civilizaciones humanas, como Jung, como Campbell o como Toynbee, para percatarse de que, posiblemente, ésa sea nuestra única solución, la única salida a lo que, de otro modo, se perfila ya como un desastre de proporciones globales.

Si queremos sobrevivir como especie tendremos que recurrir una vez más a los guerreros; pero no a los guerreros de antaño del matar o morir, sino a los Guerreros del ahora, del salvarnos todos o morir, los Guerreros pacíficos, no-violentos, henchidos de coraje, de bravura, de furia, como «mis chicos», dispuestos a hacer lo que haga falta para sacar a la humanidad y a la vida toda en este planeta del cenagal en el que se encuentra, dispuestos a batirse a vida o muerte por darle un futuro a la humanidad, un planeta en el que vivir a las generaciones venideras.

Mis chicos han venido a recordarme de qué materia y de qué espíritu estamos hechos los que alguna vez jugamos al rugby; la misma materia y el mismo espíritu de todos aquéllos y aquéllas que vamos a luchar a cara de perro para que la estupidez humana no termine con la belleza y la vida de este planeta…
…a despecho de quien se ponga por delante, como en el rugby.

(Para más información sobre la necesidad del arquetipo del Guerrero ante la actual situación mundial, puedes descargarte gratuitamente un pequeño e-book mío, El punto crucial, si te suscribes a la newsletter de Midnight Sun – Creando un nuevo mundo, en http://www.midnightsun.com.es/newsletter.html.)

2 comentarios para “¡Guerreros!”

  • Estrella says:

    Gracias Grian. Como siempre has dejado en mi, despues de leer el bello post que has escrito, un átomo de esperanza. Siempre que leo algo de lo que escribes una lagrima de emoción brota en mis ojos y veo una luz en medio de tanta oscuridad. Falta nos hace un poco de optimismo. Me gusta lo que escribes y me consta que no solo me ha ayudado a mi, muchos otros se han sentido alentados con tus bellas palabras. Gracias de nuevo. Sé que, con estas palabras de agradecimiento, implico a muchas personas que piensan lo mismo que yo.

  • grian333s says:

    Gracias a ti, Estrella, por avivar el impulso por seguir escribiendo y hablando. Lamento no poder escribir con más asiduidad, pues el trabajo por ese mundo mejor que tanto soñamos tiene múltiples vertientes y muchas veces me obliga a dejar unas cosas para hacer otras más importantes. En cualquier caso, a partir de ahora, cuando escriba algo nuevo sabré que tú estás ahí, al otro lado, esperando mis palabras. Espero que éstas sean siempre una inspiración para ti.
    Recibe un cordial saludo.


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