Activismo y cambio de conciencia social
Tuesday December 12th 2017

De patriotismos y sentimientos patrióticos

"¿Estás TÚ haciendo todo lo que puedes?" A esto respondería un gallego con otra pregunta: "¿Para satisfacer los intereses de quién?"

Soy consciente de que, hablando de estos temas, me meto en un «jardín» en el que me puedo llevar algunos mamporros. Pero el tema del patriotismo y de los sentimientos patrióticos es un asunto sobre el que conviene que reflexionemos, si aspiramos a un mundo sin guerras, donde los conflictos se resuelvan de un modo no-violento.

Ayer, mientras volvíamos de la estación de Valencia, a la que habíamos ido a recoger al hijo de mi compañera (el niño, de 11 años, volvía de pasar unos días con su padre en Barcelona), mantuve una conversación con el pequeño que me ha dado pie para hacer algunas observaciones en voz alta.

El niño (no digo su nombre por aquello de la protección a la intimidad de los menores) me preguntó qué diferencia había entre la CIA y el FBI, supongo que cansado ya de ver películas en las que se habla de ambas entidades sin que le quedaran claros los límites entre ellas. Intentando utilizar un lenguaje asequible, aunque se trata de un niño sorprendentemente lúcido e inteligente, le expliqué que la CIA era el servicio de inteligencia de los Estados Unidos (los «espías», aclaré), que era una organización más relacionada con lo militar (por su estrecha relación con el Departamento de Defensa), y que su ámbito de actuación estaba principalmente fuera de los Estados Unidos; en tanto que el FBI era una organización de tipo policial y que su ámbito de actuación estaba principalmente dentro de las fronteras de aquel país.

«Y, a ti, ¿cuál de las dos te cae mejor?», me preguntó acto seguido el pequeño. Sin duda alguna, le respondí que el FBI. «¿Por qué?» (la eterna pregunta maravillosa de los niños.) «Pues, porque…»

Le expliqué a grandes rasgos los inmensos desmanes perpetrados por la CIA en medio mundo durante la segunda mitad del siglo XX, de su implicación directa en la caída de gobiernos de otras naciones (le hablé concretamente de Chile, de Salvador Allende, de Argentina, de los «desaparecidos» en las dictaduras del cono sur americano, etc.), le hablé de las malas artes y la ausencia de toda ética y moral por parte de esta organización, le hablé de los presidentes norteamericanos que habían hecho uso de la CIA con fines ciertamente detestables, y algunas cosas más.

Y, entonces, el muchacho saltó con un comentario que no me esperaba: «Lo que no me gusta de los americanos es que son demasiado patrioteros». (No me negarán que es una observación que no está nada mal en un niño de 11 años.)

—Sí. En eso tienes razón. Son muy «patrioteros» —le dije—. Pero debo recordarte —añadí— que no hace mucho tú también hiciste algunos comentarios «patrioteros» de Cataluña.

Me refería a los comentarios de «orgullo nacional» que había hecho el pequeño unas semanas atrás ante una noticia que habían ofrecido en la televisión. Ya entonces le había dicho: «Siéntete orgulloso de tu cultura, y defiéndela, pero será mejor que no caigas en eso de las “patrias”». Luego, intenté explicarle como mejor pude lo que habiá querido decir con aquello. Y es que hay una gran diferencia entre el sentido de pertenencia a una cultura y el sentimiento patriótico.

El Dr. Albert Ellis, creador de la Terapia Racional Emotiva Conductual

Siendo psicólogo de orientación cognitiva, dentro de la línea del Dr. Albert Ellis (y habiendo sido traductor de algunos de los libros más destacados de este genial psicólogo del siglo XX), tengo que llamar la atención sobre el tema de las «ideas irracionales». Para Ellis, las ideas irracionales son aquellos pensamientos que, sin tener una base firme en la realidad, nos llevan a distorsionar la realidad y, con ello, a generar situaciones que nos causan sufrimiento. Ésta sería una manera muy simple de explicarlo, pero puede bastarnos para el tema que nos ocupa.

Desde este punto de vista, la «cultura» y la «patria» tienen unos niveles de realidad bastante diferentes.

Una «cultura», sea la que sea, tiene una realidad palpable a través de todo aquello que la compone: su lengua —en primer lugar y por encima de todo—, su literatura, sus costumbres y modos de vida, su filosofía, sus expresiones artísticas, etc. Como tal realidad, el sentido de pertenencia a una cultura sería perfectamente racional desde el punto de vista de Ellis y, por tanto, no generaría «emociones malsanas» (siempre y cuando, habría que añadir, ese sentido de pertenencia a una cultura no tenga connotaciones exclusivistas o «narcisistas» del tipo, «mi cultura es mejor que la tuya», cosa que también caería en el campo de las ideas irracionales).

En cambio, desde este mismo punto de vista, el de la psicología cognitiva de Ellis, la «patria», sea la que sea, y entendida como se entiende, es decir, delimitada por unas fronteras nacionales, no dejaría de ser un concepto mental sin una base en la realidad manifiesta.

Esto es algo en lo que caen en la cuenta los astronautas (de cualquier nacionalidad) cuando se encuentran en órbita alrededor de la Tierra. En la extática observación de nuestro planeta desde el espacio, muchos astronautas caen en la cuenta de que la Tierra es una, y de que la humanidad es una, aunque no dejan de ser conscientes de la multiplicidad de razas y culturas. Lo que no terminan de entender desde ese privilegiado mirador son las divisiones en países. Viendo la Tierra desde el espacio se dan cuenta de que las fronteras son una invención de la mente de los hombres, algo que no tiene un sustrato real. (De hecho, que les pregunten sobre sentimientos patrióticos a los habitantes de Alsacia, quienes, durante los últimos siglos, han pertenecido sucesivamente a Alemania o a Francia en función de quién ganaba la guerra de turno. ¿Se sentirán franceses, alemanes, o ni una cosa ni otra?)

Dicho de otra forma: la cultura es un concepto que se manifiesta en la realidad de una lengua, de unas costumbres, de unas manifestaciones artísticas, científicas y filosóficas; en tanto que la patria es un concepto basado en una realidad virtual, manifiesta exclusivamente en el constructo mental, imaginario, de unas fronteras que sólo se pueden ver en los mapas, en un papel, no en la realidad manifiesta.

(No en vano reconocía Joan Manual Serrat en su canción Vagabundear: «Y para no olvidarme de lo que fui, mi patria y mi guitarra las llevo en mí. Una es fuerte y es fiel, la otra un papel».)

Entiendo que el sentimiento patriótico nace de una adecuada manipulación de la psicología de las masas por parte de las élites gobernantes. No conozco la historia hasta tales puntos, pero imagino que, en la época en la que los ejércitos nacionales precisaron del reclutamiento de cientos de miles de campesinos apegados a su terruño y a sus costumbres locales, cuyas únicas preocupaciones e intereses no iban más allá de 50 kilómetros a la redonda, el único modo que se les ocurrió a las élites gobernantes (políticos y militares) para ganarse su fidelidad y su entusiasmo en unas causas que no eran las suyas (las de los campesinos, se entiende) fue la de hacerles sentirse parte de un constructo imaginario (imaginario porque las fronteras son imaginarias por naturaleza) que denominaron «patria».

La manipulación del sentimiento patriótico por parte de la élite gobernante viene de antiguo

Más recientemente, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, un fenómeno similar de inculcación del patriotismo se dio en las colonias americanas de los países europeos.  Con independencia de lo justas y comprensibles que fueran las pretensiones de emancipación e independencia de los habitantes de las colonias en su intento de liberarse del yugo dictatorial de España o de Gran Bretaña, los líderes de las revoluciones americanas tuvieron que echar mano del patriotismo para congregar voluntades en torno a su causa. De todo ello saldrían constituciones nacionales y movimientos sociales que supusieron un gran avance para la humanidad en su conjunto, pero quedó el negativo «efecto colateral» del patriotismo que todavía exhiben muchos pueblos de América.

Y, desde el punto de vista cognitivo, es ese error irracional de darle carácter de realidad en nuestra mente a lo que no tiene una realidad manifiesta lo que nos lleva a distorsionar nuestra percepción de la realidad y, con ello, a generar lo que Ellis llama «emociones malsanas», que terminan generando sufrimiento.

Éste es el motivo por el cual insisto en que la defensa de una identidad cultural o de una cultura es algo perfectamente «racional», que en modo alguno va en contra de la creación de una sociedad global basada en una Cutlura de Paz, una sociedad donde se respete la DIVERSIDAD CULTURAL; mientras que la defensa de unos ideales patrióticos no fomenta en modo alguno la creación de esa sociedad global pacífica, en tanto en cuanto su fundamento se halla en las fronteras, unas fronteras delimitadas y poco permeables.

Las fronteras entre las culturas son difusas y permeables; las poblaciones fronterizas entre distintas culturas adquieren rasgos de unas y otras culturas. Son fronteras naturales, donde existe poca fricción, debido al cojín amortiguador que conforman esas poblaciones en las que se mezclan ambas culturas.

Sin embargo, las imaginarias fronteras de papel son fronteras absolutas, radicales, poco permeables, en modo alguno naturales, por ser una creación mental de los hombres; fronteras donde la fricción es permanente y donde, más pronto o más tarde, termina saltando la chispa.

Obsérvese que, desde que los países de Europa han permeabilizado sus fronteras, la chispa de los conflictos bélicos, omnipresentes entre los países europeos durante milenios, se han desvanecido. Y, por otro lado, obsérvese lo que sucedió en la antigua Yugoslavia, cuando se alimentaron hasta la radicalidad los sentimientos patrióticos de las distintas culturas que conformaban aquel país, dando lugar a una serie de guerras feroces y fratricidas.

Así pues, si queremos un mundo sin guerras, convendrá que vayamos dejando de lado algunos conceptos virtuales que, por su escasa adherencia a la realidad, nos generan más problemas que soluciones. Convendrá que comencemos a hablar de culturas, que son, en definitiva, la verdadera riqueza de la especie humana, y que dejemos de hablar de patrias (americanas, francesas, españolas, catalanas, vascas, serbias, bosnias o lo que sea); pues, como dijo Bertrand Russell, «El patriotismo es la disposición de matar y dejarse matar por razones triviales».

Si queremos ser ciudadanos de una patria, superemos las fronteras, hagámonos ciudadanos del mundo.

2 comentarios para “De patriotismos y sentimientos patrióticos”

  • Antonio Martínez says:

    Querido Grian:

    Justo mientras estaba leyendo este post en tu blog, en la radio cantaba Serrat una canción que expresa, que es más lo que hace que nos sintamos hermanados, que lo que nos desune.

    Claro que ya hay quiénes, interesadamente, nos hacen crear emociones insanas e irracionales.

    De la canción “Te guste ó no”:

    “no sé si me gusta más de ti
    lo que te diferencia de mí
    o lo que tenemos en común.

    Te guste o no
    me caes bien por ambas cosas
    lo común me reconforta,
    lo distinto me estimula.”

    (Está en youtube
    http://www.youtube.com/watch?v=C4cN6n5P33M
    es muy añeja: año 94; ¡Uf.. del siglo pasado!)

  • grian333s says:

    Gracias, Antonio. Me reconforta tu comentario. Después de ver los comentarios que la gente hace sobre los detenidos de Greenpeace en Dinamarca, uno se queda con la sensación de que la humanidad no tiene remedio. En este post me esperaba algún comentario de ese tipo, y me he llevado una grata sorpresa al encontrar un comentario positivo. Gracias.


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